Jamieson, Fausset Comentario Exegetico y Explicativo de la Biblia Tomo II
Este comentario exegético y explicativo de la Biblia del Nuevo Testamento será de mucha ayuda para toda persona que desee aprender y profundizar en la Palabra de Dios.
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Comentarios Exegeticos de Jamiesion del Antiguo Testamento
Este comentario exegético y explicativo de la Biblia del Antiguo Testamento será de mucha ayuda para toda persona que desee aprender y profundizar en la Palabra de Dios.
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Adios invierno, helado y frio…!!!
2Cr 26:5 Y persistió en buscar a Dios en los días de Zacarías, entendido en visiones de Dios; y en estos días que buscó a Jehová, él le prosperó.

1. cundo leemos la historia del rey Uzias nos dice la escritura que el empezo a reinar desde los 16 años y reino 52 años he hizo lo recto ante los ojos de JHV.
2. la cacteristica de este rey es la PERSITENCIA que tuvo en buscar a Dios. Jamas declino ms por el contrario lucho hasta obtener su bendicion tan igual como Jacob
3. otra caracteristica importante es ENTENDER lo que Dios le mostro mediante visiones (conocmiento y sabiduria)
4. el resultado final es que DIOS LE PROSPERO.
Mi estimado Pastor o hermano o amigo ud puede cambiar la historia de su vida si usa estos dos principios persistencia y entendimiento para que le resultado de su vida sea una hermosa primavera de l contrario seguira viviendo en el inviernop frio y helado. esto le traera enfermedad, desgano.
confie en Dios en toda su manera de vivir y haga vivo Job 28:28
Job 28:28 Y dijo al hombre:
He aquí que el temor del Señor es la sabiduría,
Y el apartarse del mal, la inteligencia.
Y recuerde siempre que Dios es Padre de 24 horas Jn 1:12
y llame a las cosas que son, como que si fuesen Heb 11:1
y sea muy PERSISTENTE con DIos y ENTIENDA su vuena voluntad en su vida Y ASI CAMBIARA SU INVIERNO FRIO por una hermosa PRIMAVERA.

Solo Dios puede cambiar su lamento en un hermoso baile.
pastor Fredy Rodriguez
Bethashem Online
El humanismo en la iglesia de hoy
El humanismo es en muchas maneras el “enemigo desapercibido” que está apoderándose de la iglesia hoy. Es un “evangelio del egoísmo” que nos está infiltrando con sutileza y astucia. Y a la gente les gusta. Les gustan hombres que saben hacerles reir, y evitan a aquellos que les hacen llorar. La filosofía dominante del occidente se está volviendo igualmente dominante en la iglesia. ¿Pueden encontrarse hombres y mujeres que se atreverán a “levantar una bandera” contra esta seducción ultra-popular, y predicar la verdad? ¿Existen predicadores que se atreverán a ofender a los hombres si fuera necesario, pero a Dios nunca? El momento tiene que llegar cuando se encuentren nuevamente tales profetas. Estoy orando que sea pronto, porque estamos realmente en una emergencia – tan mal o peor que muchas que eran antes. ¡Que se levanten los Juan Bautistas!
Hoy en Chile, muchas iglesias han descuidado la fe; mas confian en su capacidad, en sus propias fuerzas y han olvidado al Dios de la Gloria y algunas de ellas sus pastores son masones, en consecuencia el humanismo y la masoneria han ido ganando terreno muy sutilmente y muchos hemos olvidado lo que dice job 28:28 a lo blanco le decimos negro y lo negro gris … total a donde estamos llegando. Si Elias oro para que no lluviese y no llovio durate 2 años y posteriormente oro para que lluviera y llovio y nosotros que vivimos en el poder de la gracia podemos hacer muchos mas cosas si aprendemos a tener fe como el grano de mostaza veremos literalmente el monte trasladarse a la mar como lo dijo nuestro Señor Jesucristo y no debemos temer a nadie que no sea nuestro Dios.
A veces pensamos ser mas buenos que Dios, pero nos equivocamos completamente. ahora si nos podemos de acuerdo como iglesia orando como un solo hombre podemos abrir la ventana de los cielos o cerrarlos, podemos abrir una puerta o simplemente cerrarlo, como diria el Señor Jesucristo tenemos el poder para atar o desatar. y esta ultima ha sido olvidado por muchos y solo confian en su propia capacidad y su fuerza y no en la del Señor.
BASTA, BASTA DE SER COMO NIÑOS FLUCTUANTES IGLESIA Y TOMA LA ARMADURA LA ESPADA DE DIOS FORTALECE EN LA LECTURA , EL ESTUDIO Y LA ORACION ESTAS 3 VAN JUNTAS Y NO SEPARADAS.
PASTOR FREDY RODRIGUEZ
Para estudiar:
Juan 16:7-8, Hebr.6:1-2, 2 Tim.4:2-4, Rom.2:16, Hechos 17:30-31, 24:24-25, 1 Cor.1:18-24, Mat.13:22-23, 2 Tes.2:9-11, 2 Cor.11:12-15
Que es la apologetica?
La palabra Apologética proviene del griego apología (απολογία), en teología y literatura consiste en la defensa sistemática de una posición o punto de vista. Es la Parte de la teología cristiana que tiene por objeto exponer los fundamentos de la fe y refutar los ataques a ella. También es definido como La ciencia teológica que explica y defiende la doctrina de la religión cristiana con razonamiento. La palabra griega apología significa “respuesta,” o “defensa razonable.” No significa disculparse, ni significa entrar simplemente en un diálogo intelectual. Significa proveer respuestas razonables a preguntas honestas y hacerlo con humildad, respeto y reverencia.
Demuestra las razones de la doctrina ante las objeciones de sus adversarios. Establece la credibilidad de la revelación cristiana basado en la evidencia de los milagros y el testimonio de la historia. También expone errores con el fin de proteger la integridad de la fe.
Este conocimiento es fundamental para un cristiano, por ejemplo que pasaría si Usted comienza a hablar con un hombre y le dice que Jesucristo le ama y murió para que él recibiese el perdón de sus pecados. Usted explica que todos deben obedecer a Jesús porque Él es el Hijo de Dios. El hombre quiere saber cómo usted sabe esta información. Usted le informa que la Biblia, la Palabra inspirada de Dios, declara esto como verdad. Él quiere saber dos cosas: (1) ¿Cómo puede probar que Dios existe?; y (2) ¿Cómo puede probar que la Biblia es Su Palabra? ¿Y usted como lo respondería? Él no está siendo contencioso o irascible; simplemente quiere algunas evidencias buenas que puedan merecer el cambio total de su vida que usted le está pidiendo que haga.
Como vemos, la Palabra de Dios no sólo nos insta a predicar el Evangelio sino también nos motiva a presentar defensa. Salir a evangelizar sin tener respuestas a las objeciones cada vez más sutiles y antagónicas de un mundo en rebelión, es como ir a la batalla totalmente desarmado. El caballo se alista para el día de la batalla; mas Jehová es el que da la victoria (Prov. 21:31)
La palabra “apología” es usada en la Biblia en varios pasajes, tales como Hechos 22:1, 25:16; 1 Corintios 9:3; 2 Corintios 7:11; Filipenses 1: 7,16; 2 Timoteo 4:16; 1 Pedro 3:15.
Como todos sabemos la biblia esta llena de apología casi el 70% del nuevo testamento es de carácter apologético, y los primeros cristianos fueron de carácter apologético, los mártires fueron hombres de todo o nada Cristo o nada, diablo o el infierno. Los cristianos primitivos enfrentaron una feroz lucha, constantemente eran acusados, calumniados, desprestigiados y hasta asesinados, pero ellos respondieron sabiamente con una defensa que les ayudó no solo salir airosos, sino también a persuadir de manera efectiva presentando un mensaje pertinente a la época.
Lamentablemente en estos tiempos el evangelio es tomado algo como refugio de cobardes y mansitos ovejas ignorantes, hoy el cristianismo esta totalmente dominado por los argumentos filosóficos y materialistas. La mente del hombre esta dominado por la filosofía del relativismo y modernismo. Por lo tanto el cristianismo necesita jóvenes guerreros con hambre por Jesucristo, que estén dispuestos a dar su vida por amor a Cristo, hoy mas que nunca ante el crecimiento filosófico de ideas y de puntos de vistas independientes necesitamos un Justino Mártir, Irineo, San Agustín, Tomás Aquino, Martin Lutero, Warfield, Josh MacDowell, Norman Geisler, etc…..
Es muy fácil mantenerse en el mundo de las ideas y nunca confrontar a los incrédulos con la necesidad de poner su fe en Cristo. por ejemplo Un apologista que no fue culpable de esto era Blas Pascal, un matemático, científico, inventor y apologista cristiano del siglo XVII. Cristo y la necesidad de redención a través de Él eran fundamentales en la apologética de Pascal. Peter Kreeft, un filósofo y apologista contemporáneo, dice que Pascal es un hombre de nuestro día. “Pascal”, dice, “está tres siglos adelantado. Dirige su apologética a los paganos modernos, los escépticos sofisticados, los cómodos miembros de la nueva intelectualidad secular. Es el primero en darse cuenta del nuevo mundo descristianizado, desacramentalizado, y dirigirse a él. Él pertenece a nosotros. . . Pascal fue un ejemplo a seguir del siglo XVII que ha descrito tan precisamente nuestra mente para este siglo.
En el transcurso de la misión, los cristianos vamos a encontrar personas que presentarán objeciones contra nuestro mensaje. Muchas de estas personas son sinceras en sus planteos, pero nadie se ha tomado el tiempo para contestar sus preguntas o dudas adecuadamente. Quizá por ello aun no han hecho una decisión por Cristo.
El apóstol Pedro bajo la inspiración del Espíritu Santo escribió: Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que demande razón de la esperanza que hay en vosotros (1 Pe.3:15) .Aquí Pedro nos expresa el mandamiento de usar apologética.
En Hch.17: 2-4. Encontramos que Pablo en la sinagoga de Tesalónica discutió con los judíos por tres sábados consecutivos, exponiendo las Escrituras y razonando a partir de ellas. A raíz de esto, muchos se convirtieron.
En Colosenses 4:5-6, Pablo escribe: Andad sabiamente para con los demás, redimiendo el tiempo. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis como debéis responder a cada uno.
La apologética también es necesaria para no permitir la infiltración de doctrinas falsas dentro del cuerpo de Cristo, y de esa manera conservar la pureza del Evangelio de Dios. Esto lo observamos en el capítulo 15 del libro de Hechos, donde se da una intensa polémica en el Concilio de Jerusalén. En Gálatas capítulo 2, vemos a Pablo enfrentarse a Pedro vigorosamente. Judas, escribiendo acerca de los falsos maestros, nos ordena en el versículo 3 a contender ardientemente por la fe (doctrina).
Y finalmente La apologética no es entonces una opción, un pasatiempo o algo que satisface la naturaleza combativa de algunos individuos, sino un elemento fundamental de la Palabra de Dios y un mandato para todo cristiano. No es un sustituto de la fe ni toma el lugar del Evangelio, sino que es el compañero idóneo que va de la mano con los esfuerzos del evangelismo Tampoco reemplaza al Espíritu Santo, es simplemente un instrumento en sus manos. Debemos amar a Dios con la mente además de con el corazón y el alma. De hecho, la iglesia primitiva fue poderosa y exitosa porque amaba y oía más y mejor que el mundo antiguo. Romanos 10:17: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” Nuevamente el énfasis está en oír con percepción. Con amor y humildad. Gracias por acompañarme mis queridos hermanos.
Evangelio del Humanismo
¿Qué es humanismo? El humanismo nos rodea por todas partes. Es el credo espiritual dominante de la mayoría de las religiones, y de la sociedad mundial Prolifera. En los medios, se dice que el humanismo cumple funciones psicológicas, sociológicas y existenciales similares a las de los sistemas de creencias teístas. El humanismo es también la mantra en la educación, en la medicina y en muchas aéreas sociales.
Ciertamente el humanismo, ha infiltrado a la iglesia evangélica a gran escala. El pensamiento humanista, dicen: EL HOMBRE es el centro de todo, en vez de Dios. Todo gira alrededor del HOMBRE y como hacer que sea feliz. Hablar acerca del PECADO hace que la gente se sienta infeliz y culpable – por tanto es “equivocado” “juzgarles” al predicar contra el pecado. El humanismo es muy tolerante. “Ellos no hieren a nadie”, dice. “Que hagan lo que desean”. De hecho, la TOLERANCIA y la FELICIDAD DEL HOMBRE son las grandes mantras del humanismo, en realidad muy contraria a los principios establecidos por Jesucristo. Mateo 5:11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
Cada vez que usted escucha a un evangelista que suena como un aviso comercial en la televisión, en la radio y en cualquier medio usted está siendo testigo de la invasión del humanismo. Hoy escuchamos cosas como: “Dios quiere dar a USTED una vida excitante. Dios quiere bendecir a USTED. Dios quiere quitar todos sus sufrimientos y darle una vida feliz.” – Por supuesto que hay una verdad en esto. Pero lo que sucede, es que el ENFASIS ha cambiado desde “salvación del pecado y del juicio” hacia “Dios quiere que Ud. sea feliz y bendecido”. El enfoque ya no está en el hecho de que nuestros pecados ofenden a un Dios santo, y que la CRUZ es el único remedio. En cambio, el mensaje es más como un comercial para crema dental – usando a Jesús como un medio para tener una vida feliz y exitosa. El es visto como un medio para nuestros fines egoístas. Mateo 10:38 El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
Como ha aprendido la industria de publicidad, hay mucho dinero y éxito en “eliminar lo negativo” y enfatizar solamente las cosas positivas y felices. Y muchos predicadores hoy parecen simplemente seguir esta corriente humanista – predicando principalmente “bendiciones y gracia”, y olvidándose de la convicción del pecado y juicio de Dios, del “tomar su cruz”. Porque no queremos ofender a nadie, ¿no cierto? Pero Jesús y los apóstoles no fueron así. Ellos predicaban “pecado, justicia y juicio” en una manera muy directa y punzante. Mateo 10:22 Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre; mas el que soportare hasta el fin, éste será salvo. Pero en muchas iglesias hoy, esta clase de discurso causaría que nunca más volverán a invitarle. Y así la iglesia se vuelve abierta para el engaño
Mateo 7:13-14 Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva á perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva á la vida, y pocos son los que la hallan.
Dios no se preocupa por la felicidad del hombre en primer lugar. El está mucho más preocupado por nuestra SANTIDAD. Pero para muchos predicadores, “Gracia y bendiciones” son la receta para el éxito. Y muchos caminan ahora por este camino ancho y seductor. Un buen número de ellos han incluso aprendido a levantar su voz en una manera que Ud. PIENSA que están predicando de manera poderosa y desafiante. Pero cuando Ud. examina qué están diciendo realmente, normalmente es solo la fórmula de metafísica envuelto en “bendiciones y emoción”. La iglesia que se alimenta de una tal dieta de “azúcar y basura”, pronto se volverá terriblemente “gorda” y tibia.
El apóstol Pablo escribió: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oir, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias” (2 Tim.4:3).
escrito de Jack Fontaine
HUMANISMO CRISTIANO
La interpretación del Cristianismo en clave humanista se desarrolla en la primer mitad de este siglo como parte de un vasto proceso —que comienza en el siglo pasado y se continúa hasta nuestros días— de revisión de las doctrinas cristianas a fin de adaptarlas al mundo moderno; un mundo con respecto al cual la Iglesia católica había adoptado, durante siglos, a partir de la Contrarreforma, una posición de neto rechazo o de abierta condena.
A partir del Renacimiento, la autoridad espiritual de la Iglesia, que por mil años había sido la depositaria de la visión cristiana en Occidente, fue declinando cada vez más en un crescendo de eventos epocales: la cultura del humanismo invierte la imagen que el cristianismo medieval había construido del hombre, la naturaleza y la historia; luego la Reforma protestante divide a los cristianos de Europa; en el Seiscientos y sobre todo en el Setecientos, las filosofías racionalistas, que se habían difundido entre las clases cultas, ponen en discusión la esencia misma del cristianismo. En el Ochocientos, las ideologías liberales o socialistas de trasfondo científico, que se desarrollaron paralelamente a la expansión de la revolución industrial, conquistan el rol de guía en la organización de la sociedad y en la definición de sus fines e ideales que hasta ese entonces había desempeñado la religión, dejándole a ésta un rol marginal. Finalmente, en este siglo, la rápida difusión del ateísmo, que se transformó rápidamente en un fenómeno de masas, pone en peligro la sobrevivencia misma de la Iglesia como institución.
Para no dejarse arrollar, la Iglesia se vio obligada a abandonar progresivamente la visión del mundo que había heredado del Medioevo y la defensa del orden social ligado a ella. Este proceso de apertura y modernización sufrió durísimas resistencias, cambios de rumbo y replanteos.
En el tortuoso acercamiento de la Iglesia al mundo moderno, la encíclica Rerum Novarum de León XIII de 1891 constituye un hito fundamental. Con esta encíclica la Iglesia se dio una doctrina social que pudiera contraponerse al liberalismo y al socialismo. En polémica con éste último, reafirmaba el derecho a la propiedad privada, pero atenuándolo con un llamado a la solidaridad entre clases en pos del bien común y a la responsabilidad recíproca entre individuo y comunidad. Contra el liberalismo y su laissez faire en materia de economía, la Iglesia invitaba al Estado y a las clases más fuertes a ayudar a los grupos sociales más débiles.
Después de la tragedia de la primera guerra mundial, en el clima de desilusión general frente a las ideas de progreso sostenidas por el socialismo y el liberalismo, la Iglesia pasó decididamente al contraataque. Y lo hizo tanto en el plano político, autorizando la formación de partidos de masas de inspiración cristiana, como en el doctrinario, proponiéndose como portadora de una visión, una fe y una moral capaces de dar respuesta a las necesidades más profundas del hombre de esta época.
Es en este intento de reproponer al mundo moderno los valores cristianos, debidamente actualizados, que se encuadra el Humanismo cristiano, cuyo iniciador puede ser considerado el francés Jacques Maritain.
Maritain había sido primero alumno de Bergson, y después había adherido al socialismo revolucionario. Insatisfecho de ambas filosofías, en 1906 se convirtió al Catolicismo. Fue uno de los exponentes más notables del así llamado “neotomismo”, es decir, de aquella corriente de pensamiento católico moderno que se remite directamente a Santo Tomás de Aquino y, a través de él, a Aristóteles, cuya filosofía Santo Tomás había tratado de conciliar con los dogmas cristianos. A este punto cabe recordar que ya en el siglo pasado, otra encíclica de León XIII, Aeterni Patris de 1879 había afirmado que la filosofía de Santo Tomás era la que mejor se adaptaba a la visión cristiana.
Maritain, con una posición que se contrapone radicalmente a la tendencia más general del pensamiento moderno, da un salto hacia atrás, sobrevolando el Renacimiento y reconectándose con el pensamiento medieval. Y hace esto porque es precisamente en el Humanismo renacentista donde descubre los gérmenes que han llevado a la crisis y al resquebrajamiento de la sociedad moderna, de los cuales el nazismo y el estalinismo son la máxima expresión. Con esto él no pretende explícitamente revalorizar el Medioevo y la visión cristiana ligada a aquel período; su objetivo es restablecer –luego de la difícil experiencia del Medioevo– el curso de la evolución histórica del Cristianismo que, según su visión, ha sido interrumpido y obstaculizado por el pensamiento moderno, laico y secular.
En su libro Humanismo integral, examina la evolución del pensamiento moderno desde la crisis de la Cristiandad medieval al individualismo burgués del siglo XIX y al totalitarismo del siglo XX. En esta evolución Maritain ve la tragedia del Humanismo antropocéntrico, como él lo llama, que se desarrolla a partir del Renacimiento. Este Humanismo, que ha llevado a una progresiva descristianización de Occidente es, según Maritain, una metafísica de la “libertad sin la gracia”. Con el Renacimiento, el hombre comienza a ver su propio destino y su propia libertad desligados de los vínculos de la “gracia”, es decir, del plano divino. Para el hombre, la libertad es un privilegio que él pretende realizar por sí solo. Dice Maritain: «A él sólo le compete ya crear su propio destino, a él sólo le corresponde intervenir como un dios, mediante un saber dominador que absorbe en sí mismo y que supera toda necesidad, en la conducta de su propia vida y en el funcionamiento de la gran máquina del universo, abandonada a merced del determinismo geométrico».[1]
Así, el hombre moderno que surge en el Renacimiento, lleva consigo este pecado de soberbia. Quiere prescindir de Dios y se construye un saber científico de la naturaleza que, a partir de Descartes, es considerada como una gran máquina para ser estudiada more geometrico, o sea según las leyes de la geometría. Pero una concepción tal de la naturaleza sólo puede llevar a una escisión entre hombre y mundo, y a un determinismo mecanicista que arrolla al hombre mismo. En efecto, a medida que la razón substituye a Dios y el saber científico se extiende, la crisis interna del hombre se hace más profunda.
He aquí las etapas de esta decadencia progresiva del hombre moderno que, como Prometeo, se rebela ante Dios y, como Fausto, está dispuesto a todo con tal de arrebatar los secretos de la naturaleza: «Con respecto al hombre, se puede notar que durante el primer período de la época moderna, ante todo con Descartes y luego con Rousseau y Kant, el racionalismo había construido de la personalidad del hombre una imagen soberbia y espléndida, indestructible, celosa de su inmanencia y autonomía y, finalmente, buena por esencia. En nombre mismo de los derechos y de la autonomía de esta personalidad, la polémica racionalista había condenado toda intervención externa en este universo perfecto y sagrado. Ya fuera que tal intervención proviniese de la revelación y de la gracia, o de una tradición de humana sabiduría, o de la autoridad de una ley de la cual el hombre no fuese autor, o de un Bien soberano que solicitase su voluntad, o, finalmente, de una realidad objetiva que midiese y regulase su inteligencia».
Pero esta soberbia de la razón –que primero eliminó todos los valores tradicionales y trascendentes y luego, con el idealismo, absorbió en sí la realidad objetiva– ha generado ella misma su propia destrucción. Primero Darwin y después Freud asestaron los golpes mortales a la visión optimista y progresista del humanismo antroprocéntrico. Con Darwin el hombre descubre que no existe discontinuidad biológica entre él y el mono. Pero no sólo esto: entre él y el mono ni siquiera existe una verdadera discontinuidad metafísica, es decir, no hay una radical diferencia de esencia, un verdadero salto cualitativo. Con Freud, el hombre descubre que sus motivaciones más profundas están dictadas en realidad por la líbido sexual y el instinto de muerte. “Acheronta movebo”, moveré el infierno, había dicho Freud, y con él la soberbia de la razón se hunde en la ciénaga de los instintos. Al final de este proceso dialéctico destructivo, ya se han abierto las puertas a los totalitarismos modernos, el fascismo y el estalinismo. Concluye Maritain: «Después de todas las disociaciones y los dualismos de la época humanista antropocéntrica … asistimos a una dispersión y una descomposición definitivas. Lo que no impide al ser humano reivindicar más que nunca la propia soberanía, pero ya no más para la persona individual. Ésta ya no se sabe dónde está y se ve sólo disociada y descompuesta. Está ya madura para abdicar … a favor del hombre colectivo, de aquella gran figura histórica de la humanidad de la cual Hegel ha hecho una teología y que, para él, consistía en el Estado con su perfecta estructura jurídica, y que con Marx consistirá en la sociedad comunista con su dinamismo inmanente».
Al humanismo antropocéntrico así descrito, Maritain contrapone un Humanismo cristiano, que define como integral o teocéntrico. He aquí cómo se expresa: «Llegamos de este modo a distinguir dos tipos de humanismo: un humanismo teocéntrico, o verdaderamente cristiano, y un humanismo antropocéntrico del cual son responsables el espíritu del Renacimiento y el de la Reforma… El primer tipo de humanismo reconoce que Dios es el centro del hombre, implica el concepto cristiano del hombre pecador y redimido, y el concepto cristiano de gracia y libertad… El segundo cree que el hombre es el centro del hombre y, por ende, de todas las cosas, e implica un concepto naturalista del hombre y de la libertad. Si este concepto es falso, se entiende por qué el Humanismo antropocéntrico merece el nombre de humanismo inhumano y que su dialéctica deba ser considerada la tragedia del humanismo».[4]
La base sobre la que se apoya el Humanismo teocéntrico es una concepción del hombre «…como dotado de razón, cuya suprema dignidad consiste en la inteligencia; … como libre individuo en relación personal con Dios, cuya suprema virtud consiste en obedecer voluntariamente la ley de Dios; … como criatura pecadora y herida, llamada a la vida divina y a la liberación aportada por la gracia, cuya suprema perfección consiste en el amor».[5]
Aquí vemos que la concepción que Maritain tiene del hombre es la concepción clásica de Aristóteles (“el hombre es un animal racional”) interpretada en clave cristiana por Santo Tomás. El hombre no es pura naturaleza ni pura razón: su esencia se define en la relación con Dios y con su gracia. El hombre así entendido es una persona.[6]
Maritain distingue en la persona humana dos tipos de aspiraciones, las connaturales y las transnaturales. Mediante las primeras, el hombre tiende a realizar ciertas cualidades específicas que hacen de él un individuo particular. El hombre tiene derecho a ver colmadas sus aspiraciones connaturales, pero la realización de las mismas no lo deja completamente satisfecho porque existen en él también las aspiraciones transnaturales que lo impulsan a superar los límites de su condición humana. Estas aspiraciones derivan de un elemento trascendente en el hombre y no tienen derecho alguno a ser satisfechas. Si lo son, en algún modo, tal cosa sucederá por la gracia divina.[7]
Al humanismo teocéntrico así entendido, Maritain le confía la tarea de reconstruir una “nueva cristiandad” que sepa reconducir la sociedad profana a los valores y al espíritu del Evangelio. Pero esta renovada civilización cristiana deberá evitar repetir los errores del Medioevo, y en particular la pretensión de someter el poder político al religioso. Deberá, en cambio, preocuparse por integrar los dos tipos de aspiraciones humanas y amalgamar las actividades profanas con el aspecto espiritual de la existencia.
La interpretación cristiana que Maritain dio del humanismo fue acogida en forma entusiasta en algunos sectores de la Iglesia y entre varios grupos laicos. Inspiró numerosos movimientos católicos comprometidos con la acción social y la vida política, por lo que resultó ser un arma ideológica eficaz sobre todo contra el marxismo.
Pero esta interpretación recibió también críticas demoledoras de ámbitos filosóficos no confesionales. En primer lugar, se observó que la tendencia racionalista que aparece en la filosofía post-renacentista y que Maritain denuncia en Descartes, Kant y Hegel, se remonta precisamente al pensamiento de Santo Tomás. Esta tendencia, que llevará a la crisis y a la derrota de la razón, no es un producto del humanismo renacentista, sino más bien del tomismo y de la escolástica tardía: la filosofía cartesiana que se encuentra a la base del pensamiento moderno, en su racionalismo se reconecta mucho más con Santo Tomás que con el neoplatonismo y el hermetismo místico del Renacimiento. Correspondería buscar las raíces de la “soberbia de la razón” de la filosofía moderna en la pretensión del tomismo de construir una teología intelectualista y abstracta. Según estas críticas, Maritain cumplió con una obra colosal de mistificación y de camuflaje, casi un juego de prestidigitación filosófica, atribuyendo al Renacimiento una responsabilidad histórica que, por el contrario, compete al pensamiento medieval.
En segundo lugar, la crisis de los valores y el vacío existencial al cual ha llegado el pensamiento europeo con Darwin, Nietzsche y Freud no es una consecuencia del humanismo renacentista, sino por el contrario deriva de la persistencia de concepciones cristianas medievales dentro de la sociedad moderna. La tendencia al dualismo y al dogmatismo, el sentimiento de culpa, el rechazo del cuerpo y el sexo, la desvalorización de la mujer, el miedo a la muerte y al infierno son todos residuos del cristianismo medieval, que aun después del Renacimiento han influido fuertemente en el pensamiento occidental. Aquéllos determinaron, con la Reforma y la Contrarreforma, el ámbito sociocultural en el cual el pensamiento moderno se ha desarrollado. La esquizofrenia del mundo actual en la que Maritain insiste deriva, según estos críticos, de la coexistencia de valores humanos y antihumanos. La “dialéctica destructiva” de Occidente se explica entonces como un intento doloroso y frustrado por liberarse de valores en pugna.
otros paginas para analisis y estudio
http://www.contra-mundum.org/castellano/hurd/Pel_Humanismo.pdf
bajar el libro de:
Tomas Moro utopia
Que es el humanismo?
El humanismo es un movimiento intelectual, filológico, filosófico y cultural europeo estrechamente ligado al Renacimiento cuyo origen se sitúa en el siglo XIV en la península Itálica (especialmente en Florencia, Roma y Venecia) en personalidades como Dante Alighieri, Francesco Petrarca y Giovanni Boccaccio. Buscan la Antigüedad Clásica y retoma el antiguo humanismo griego del siglo de oro y mantiene su hegemonía en buena parte de Europa hasta fines del siglo XVI, cuando se fue transformando y diversificando a merced de los cambios espirituales provocados por la evolución social e ideológica de Europa, fundamentalmente al coludir con los principios propugnados por las reformas (luterana, calvinista, etc.), la Contrarreforma católica, la Ilustración y la Revolución francesa del siglo XVIII. El movimiento, fundamentalmente ideológico, tuvo así mismo una estética impresa paralela, plasmada, por ejemplo, en un nuevo tipo de letra, la redonda conocida como letra humanística, imitada de la letra uncial latina antigua, que vino a sustituir poco a poco a la letra gótica medieval.
La expresión studia humanitatis fue contrapuesta por Coluccio Salutati a los estudios teológicos y escolásticos cuando tuvo que hablar de las inclinaciones intelectuales de su amigo Francesco Petrarca; en éste, humanitas significaba propiamente lo que el término griego filantropía, amor hacia nuestros semejantes, pero en él el término estaba rigurosamente unido a las litterae o estudio de las letras clásicas. En el siglo XIX se creó el neologismo germánico Humanismus para designar una teoría de la educación en 1808, término que se utilizó después, sin embargo, como opuesto a la escolástica (1841) para, finalmente, (1859) aplicarlo al periodo del resurgir de los estudios clásicos por Georg Voigt, cuyo libro sobre este periodo llevaba el subtítulo de El primer siglo del Humanismo, obra que fue durante un siglo considerada fundamental sobre este tema.
El Humanismo propugnaba, frente al canon eclesiástico en prosa, que imitaba el pobre latín tardío de los Santos Padres y el simple vocabulario y sintaxis de los textos bíblicos traducidos, los studia humanitatis, una formación íntegra del hombre en todos los aspectos fundada en las fuentes clásicas grecolatinas, muchas de ellas entonces buscadas en las bibliotecas monásticas y descubiertas entonces en los monasterios de todo el continente europeo. En pocos casos estos textos fueron traducidos gracias al trabajo de entre otros Averroes y a la infatigable búsqueda de manuscritos por eruditos monjes humanistas en los monasterios de toda Europa. La labor estaba destinada a acceder así a un latín más puro, brillante y genuino, y al redescubrimiento del griego gracias al forzado exilio a Europa de los sabios bizantinos al caer Constantinopla y el Imperio de Oriente en poder de los turcos otomanos en 1453. La segunda y local tarea fue buscar restos materiales de la Antigúedad Clásica en el segundo tercio del siglo XV,en lugares con ricos yacimientos, y estudiarlos con los rudimentos de la metodología de la Arquelogía, para conocer mejor la escultura y arquitectura. En consecuencia el humanismo debía restaurar todas las disciplinas que ayudaran a un mejor conocimiento y comprensión de estos autores de la Antigüedad Clásica, a la que se consideraba un modelo de conocimiento más puro que el debilitado en la Edad Media, para recrear las escuelas de pensamiento filosófico grecolatino e imitar el estilo y lengua de los escritores clásicos, y por ello se desarrollaron extraordinariamente la gramática, la retórica, la literatura, la filosofía moral y la historia, ciencias ligadas estrechamente al espíritu humano, en el marco general de la filosofía: las artes liberales o todos los saberes dignos del hombre libre frente al dogmatismo cerrado de la teología, expuesto en sistemáticos y abstractos tratados que excluían la multiplicidad de perspectivas y la palabra viva y oral del diálogo y la epístola, típicos géneros literarios humanísticos, junto a la biografía de héroes y personajes célebres, que testimonia el interés por lo humano frente a la hagiografía o vida de santos medievales, y la mitología, que representa un rico repertorio de la conducta humana más sugerente para los humanistas que las castrantes leyendas piadosas, vidas de santos y hagiografías de Jacopo della Voragine y su leidísima Leyenda dorada. Este tipo de formación se sigue considerando aún hoy como humanista.
Para ello los humanistas imitaron el estilo y el pensamiento grecolatinos de dos formas diferentes: la llamada imitatio ciceroniana, o imitación de un solo autor como modelo de toda la cultura clásica, Cicerón, impulsada por los humanistas italianos, y la imitatio eclectica, o imitación de lo mejor de cada autor grecolatino, propugnada por algunos humanistas encabezados por Erasmo de Rotterdam.
Algunos de los rasgos ideológicos del humanismo son, por ejemplo:
- Estudio filológico de las lenguas e interés por la recuperación de la cultura de la Antigüedad clásica.
- Creaciones artísticas basadas imitación o mímesis de los maestros de la civilización grecolatina.
- El antropocentrismo o consideración de que el hombre es importante, su inteligencia el valor superior, al servicio de la fe que le une con el Creador.
- Se restaura la fe en el hombre contemporáneo porque posee valores importantes capaz de superar a los de la Antigüedad Clásica.
- Se vuelve a apreciar la fama como virtud de tradición clásica, el esfuerzo en la superación, y el conocimiento y disfrute de lo sensorial.
- La razón humana adquiere valor supremo.
- En las artes se valora la actividad intelectual y analítica de conocimiento. En pintura, mediante la perspectiva, se unifica con un punto de fuga racional la escala antes expresionista de las figuras.
- Se ponen de moda las biografías de Plutarco y se proponen como modelos, frente al guerrero medieval, al cortesano y al caballero que combina la espada con la pluma.
- Se ve como legítimo el deseo de fama, gloria, prestigio y poder (El príncipe, de Maquiavelo), valores paganos que mejoran al hombre. Se razona el daño del pecado que reducen al hombre al compararlo con Dios y degradan su libertad y sus valores según la moral cristiana y la escolástica.
- El comercio no es pecado y el Calvinismo aprecia el éxito económico como señal de que Dios ha bendecido en la tierra a quien trabaja.
- El Pacifismo o irenismo: el odio por todo tipo de guerra.
- El deseo de la unidad política y religiosa de Europa bajo un sólo poder político y un solo poder religioso separado del mismo: se reconoce la necesidad de separar moral y política; autoridad eterna y temporal.
- El equilibrio en la expresión, que debe ser clara, y no recargada ni conceptuosa: «El estilo que tengo me es natural y, sin afectación ninguna, escribo como hablo; solamente tengo cuidado de usar vocablos que signifiquen bien lo que quiero decir, y dígolo cuanto más llanamente me es posible porque, a mi parecer, en ninguna lengua está bien la afectación.» (Juan de Valdés).
- La idealización y estilización platónica de la realidad. Se pinta la realidad mejor de lo que es, se la ennoblece (nobilitare).
- El arte humanista toma la materia popular y la selecciona para transformarla en algo estilizado e idealizado, de la misma manera que la novela pastoril recrea una vida campestre desprovista de las preocupaciones habituales al campesino. En el arte humanista no hay lugar para las manifestaciones vulgares de la plebe que se verán más tarde en el siglo XVII con el Barroco.
- El optimismo frente al pesimismo y milenarismo medievales. Existe fe en el hombre: la idea de que merece la pena pelear por la fama y la gloria en este mundo incita a realizar grandes hazañas y emular las del pasado. La fe se desplaza de Dios al hombre.
- El retorno a las fuentes primigenias del saber, la lectura de los clásicos en los textos originales y no a través de la opinión que dieron sobre ellos los Santos Padres y la religión católica.
- La lógica aristotélica frente al argumento de autoridad medieval: la imprenta multiplica los puntos de vista y los debates, enriqueciendo el debate intelectual y la comunicación de las ideas. Se ponen de moda los géneros del diálogo y la epístola, todo lo que suponga comunicación de ideas. Se propone la libre interpretación de la Biblia y su traducción a las lenguas vulgares (Lutero), frente al reduccionismo medieval de reducir su interpretación a la del Papa u obispo de Roma (Reforma o protestantismo).
- Ginecolatría, alabanza y respeto por la mujer. Por ejemplo, el cuerpo desnudo de la mujer en el arte medieval representaba a Eva y al pecado; para los artistas humanistas del Renacimiento representa el goce epicúreo de la vida, el amor y la belleza (Venus).
- Búsqueda de una espiritualidad más humana, interior, (devotio moderna, erasmismo), más libre y directa y menos externa y material.
En sus comienzos, el humanismo es un movimiento regenerador y en sus principios básicos se encuentra ya bosquejado en tiempos muy anteriores, por ejemplo, en las obras de Isócrates, que se impuso una labor de regeneración parecida en la Grecia del siglo IV a. C. En tiempos modernos se encuentra estrechamente ligado al Renacimiento y se benefició de la diáspora de los maestros bizantinos de griego que difundieron la enseñanza de esta lengua, muy rara hasta entonces, tras la caída de Constantinopla en poder de los turcos en 1453; la imprenta y el abaratamiento de los libros subsiguiente facilitó esta difusión fuera del ámbito eclesiástico; por entonces el término humanista servía exclusivamente para designar a un profesor de lenguas clásicas. Se revitalizó durante el siglo XIX dando nombre de un movimiento que no sólo fue pedagógico, literario, estético, filosófico y religioso, sino que se convirtió en un modo de pensar y de vivir vertebrado en torno a una idea principal: en el centro del Universo está el hombre, imagen de Dios, criatura privilegiada, digna sobre todas las cosas de la Tierra (antropocentrismo). Posteriormente, en especial en España durante la segunda mitad del siglo XVI, el antropocentrismo se adulteró en forma de un cristocentrismo que proponía la ascética y la mística como formas de vida que condujeron al desengaño barroco, que desvirtuó durante el siglo XVII este movimiento en un principio renovador impidiendo abrir nuevos horizontes.

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